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Es una imagen prácticamente costumbrista. Una comida copiosa y, tras el último plato y el postre, una copa o chupito de un licor para mejorar la digestión. En restaurantes, en casa o en cualquier ocasión: es un lugar común recurrir a ello en la sobremesa para, como se ha dicho toda la vida, facilitar el proceso digestivo. Y, aunque hay que acudir a la ciencia para ver cuánto tiene de mito y cuánto de realidad, todavía se sigue recurriendo a ello. ¿El limoncello es digestivo realmente o es una leyenda?

Para saber si el limoncello es digestivo, o cualquier otra bebida con características comunes, la respuesta está en la ciencia y en las reacciones que provoca en el cuerpo humano. Desafortunadamente, la literatura científica no muestra estudios específicos acerca de la relación entre el proceso digestivo y la ingesta de licores, pero datos extraídos de estudios y análisis generales pueden ayudar a arrojar algo de luz al respecto.

Una de las claves está en el efecto vasodilatador del alcohol. Esa vasodilatación provoca que el organismo segregue ciertas enzimas digestivas lo que, en efecto, ayuda a tener una digestión más rápida. Pero también hay matices al respecto. Porque, como en tantas otras cuestiones, las cantidades son las que determinan hasta dónde podemos llegar si no queremos provocar todo lo contrario.

El alcohol, ingerido en grandes cantidades, tiene un efecto completamente opuesto al deseado: produce diarrea, reflujos y una gran cantidad de trastornos en el tubo digestivo. Algo que, como es evidente, no ayuda de ninguna manera a la digestión.

Cuestión de cantidades

Se dice que el limoncello es digestivo, precisamente, por el aura que lo acompaña: la de un licor que se toma de forma reposada, moderada, en cantidades razonables. Ese porcentaje de alcohol más bajo que en muchas bebidas espirituosas y ese hábito de consumo razonable son lo que hace que el alcohol que contiene, en su justa medida, ayude a la digestión y no la impida.

La leyenda del carácter digestivo de los licores, como tantas otras, se ha distorsionado con el tiempo. Esa capacidad de ayuda a la digestión del alcohol en pequeñas cantidades se ha utilizado muchas veces para justificar el consumo de grandes cantidades antes, durante y después de las comidas, incluso mezclando diferentes bebidas, algunas de ellas espirituosas de alta graduación, llegando a provocar el efecto contrario.

El resumen: consumido con cabeza, y en su justa medida, una copa de Vega Scorza puede ser el broche perfecto a una comida. El limoncello es digestivo, así como otros licores, si no cruzamos la línea que separa la moderación del exceso

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